domingo, septiembre 30

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (1)

Por Heraclio Astudillo Pombo. Universitat de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados por el folklore español con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo (1)


Introducción: los fósiles asociados a Santiago en el imaginario popular ibérico.
 

La mentalidad mágica, generalizada, en la mayoría de la población rural española, hasta bien avanzado el siglo XIX, producto de una elevada y amplia religiosidad acompañada de una escasa alfabetización, unidas a la falta de explicación conocida al hecho de la fosilización de los restos de los seres vivos de tiempos pretéritos, estimularon a la gente común a usar la imaginación y la fabulación para comprender ellos mismos o para explicar a otros, ciertos fenómenos que inicialmente les resultaban sorprendentes, y que dejados sin explicación, resultaban fuertemente inquietantes. Por todas  las razones anteriormente apuntadas los fósiles, desde la antigüedad, frecuentemente se han interpretado como marcas o señales sagradas, en otras ocasiones se han considerado como proyectiles celestiales, piedras caídas del cielo para castigar a los malos cristianos, y antes de la cristianización, para castigar a los malos paganos. 
En determinados lugares se acostumbró a asociar la presencia de ciertos fósiles con prodigios milagrosos, tales como la presencia de seres celestiales, considerarlos como testimonios de santas apariciones, enfrentamientos y petrificaciones milagrosas o, más raramente, diabólicas.


Representación de Santiago "matamoros", cabalgando sobre su portentoso caballo blanco, en un códice medieval.
Imagen: Expolio 

Por otra parte, en toda la península ibérica a partir de la Reconquista, Santiago Apóstol fue el santo más carismático, por haber participado en diversas batallas en las que ayudó a las tropas cristianas a vencer a los moros. 

Según la tradición evangélica Santiago Apóstol había sido apodado por el mismo Jesucristo “Hijo del Trueno”, según dicen debido a su impetuosidad. Algunos autores consideran que el sobrenombre que le impuso Jesús es la razón por la cual no es de extrañar que Santiago Apóstol sea el protagonista de muchos hechos legendarios y portentosos que están relacionados con los fósiles, en todo el territorio español. Concretamente se le ha relacionado con algunos tipos de fósiles que debido a ciertas características visibles que presentaban, fueron interpretados en unos casos como auténticas  "piedras de rayo" o "puntas del trueno" y en otros como "piedras cristianas" usadas como proyectiles contra los moros, sobre todo, en Navarra y el País Vasco, pero también con aquellos fósiles que por su forma se podía asociar con los emblemas típicos de la  peregrinación de Santiago Zebedeo al Finisterre gallego. Finalmente hay que hacer mención de que también se asociaron algunos fósiles con el caballo de Santiago.




FÓSILES JACOBEOS EN EL PAÍS VASCO (1).

Las pisadas del caballo de Santiago, en Santiagomendi de Astigarraga.


Ciertas marcas y concavidades que tienen una forma semejante y el tamaño aproximados, característicos de la huella dejada por la pisada de una cavallería, existentes en las rocas, en algunas zonas de la montaña de Santiago-mendi (cast. Monte de Santiago), situado en Astigarraga, (Guipúzcoa), hacia 1950 eran denominadas por los naturales del país, en euskara,Aita Santiago’ren zaldiak egin zituen perra-arrastoak”, es decir “huellas de herradura que hizo el caballo de Santiago”. Tal denominación popular de los grandes fósiles de pectínidos erosionados provenía de una antigua interpretación legendaria. Pues se creyó que estas marcas habían sido producidas por los cascos del caballo volador de Santiago, cuando el santo pasó, cavalgando a lomos de su caballo, camino de Galícia, según unos, y camino de la batalla de Clavijo, según otros, dando grandes saltos sobre las cimas de algunos montes que había en el itinerario seguido.
En realidad, las supuestas huellas de pisadas del caballo de Santiago corresponderían a los moldes externos o concavidades impresas sobre la piedra, dejadas por el exterior de las conchas fósiles de unos grandes bivalvos marinos del genero Pseudopecten (Pecten) aequivalvis, que vivieron en el Liásico (Mesozoico). Estas conchas fósiles son muy parecidas a las conocidas “conchas de peregrino” o “vieiras” que durante siglos han formado parte del atuendo de los "peregrinos de Santiago" que iban o volvían de Santiago de Compostela, pero como también se asemejan a la silueta de la base de un casco caballar, su presencia en los alrededores de la ermita de Santiago, estimularon la fantasía humana a asociarlas con el paso de un caballo mítico.

Aspecto de un fósil de Pecten, en su matriz de roca, obsérvese que existe un cierto grado de semejanza entre la forma de la concha y la base del casco de un caballo.
Imagen: Geologie


En unas leyendas, el santo jinete aparece viajando vivo, predicando pacíficamente el evangelio, yendo de camino hacia Compostela, en Galicia, mientras que en otras leyendas, el santo jinete aparece como el belicoso “matamoros”, que había bajado del cielo después de muerto, a lomos de su caballo, para ayudar a las tropas cristianas en la batalla de Clavijo, en la Rioja.


Las “piedras de Santiago” de Andoaín (Guipúzcoa).

En los terrenos cretácicos de Alava, Guipuzcoa y Navarra es frecuente ver fósiles de erizo de mar de la especie Micraster coranguinum, de los cuales se decía en Andoain (Guipuzcoa) que eran los proyectiles que había utilizado Santiago, en las guerras contra los moros, con los cuales se suponía que los había bombardeado desde el cielo hasta conseguir expulsarlos de esa zona de España. 
Por el motivo de creerlos asociados a un santo y a hechos milagrosos los mencionados erizos fósiles recibían de los naturales del lugar, el nombre genérico de “Arri-bedeinkatuak”, es decir “piedras benditas”, por el hecho de haber sido tocadas o movilizadas por el santo contra los enemigos de la cristiandad, y el nombre particular de "Santiagoren arria", es decir "piedras de Santiago" o el de "Santiago Matamorosen arriak", es decir "piedras de Santiago Matamoros".

Este tipo de "piedras" cuando se las hallaba casualmente al cavar la tierra los agricultores, se procuraba no dañarlas con las herramientas al extraerlas. Era costumbre, buscarlas y recogerlas en el día del santo, pues se creía que estaban más repletas de virtud, para ser usadas, posteriormente, como amuleto protector contra el impacto del temido rayo. Era tradicional que este tipo de "piedras benditas" debido a su virtud específica, fueran llevadas encima por todas aquellas personas que debían permanecer a la intemperie, durante los episodios de las tormentas, con abundantes truenos y rayos: pastores, leñadores, arrieros, campesinos, marineros, etc., para alejar al rayo de sus personas.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral de este erizo de mar, fósil, por esta razón, este tipo de fósil habría sido identificado como una "piedra bendita", por la creencia de que estaba marcada con la cruz, el signo de Cristo.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm



Este tipo de piedras benditas también, fueron expuestas en lugares inaccesibles o ocultos del exterior de los edificios y construcciones rurales, tales como viviendas, establos, graneros y pajares, e incluso sobre ciertos árboles que resultaban muy apreciados por sus propietarios, para evitar que el rayo cayera sobre ellos, causando su destrucción o incendio y los perjuicios subsiguientes.



FÓSILES JACOBEOS EN NAVARRA (1)


 
Las "conchas de peregrinos" de piedra, de Santiago de Lokiz.

En los alredores de la ermita de Santiago de Lokiz, la más famosa de todas las existentes en los valles de Amezkoa y Lana, abundan los fósiles de pectinidos, del genero Pseudopecten aequivalvis

Aspecto de un fósil de Pseudopecten aequivalvis, con la típica forma de la popular "concha de peregrino", "vieira" o "concha de Santiago"
Imagen: szukajas


Según los relatos orales, transmitidos de generación en generación en esa zona, su presencia se debe a que Santiago Apóstol pasó por esos montes desolados, hace siglos, en el transcurso de su larga ruta hacia Galicia y que esa es la razón por la que de forma prodigiosa, aparecieron por allí numerosas "Conchas de Peregrinos" de piedra, para dejar testimonio del paso del santo por esos lugares. Esas conchas de piedra de peregrino de piedra que se creía que aparecieron milagrosamente por donde el santo peregrino iba pasando, son llamadas por los naturales de la zona "Erromesen Maskor" es decir "Conchas de Peregrinos".



Las "piedras de Santiago" de la comarca de La Sakana o de La Barranca.

Son un tipo de piedras muy abombadas y de forma ovalada-acorazonada, su denominación manifiesta una clarísima vinculación popular con Santiago Apóstol. Entre los habitantes de muy diversas localidades de esta comarca del noroeste de Navarra, los erizos de mar fósiles, eran conocidos por el nombre de “Santiago arriak”, es decir "piedras de Santiago". La comarca de La Sacana, es una depresión formada por la confluencia de distintos valles que está situada entre las sierras de Santiago de Lokiz, de Urbasa y de Andia que, a su vez, se halla subdividida en diversos pequeños valles, en cuyas localidades este tipo des fósiles, seguían manteniendo su vinculación con Santiago, pero eran conocidos con nombres ligeramente diferentes. Así, en el valle de la Burunda, en las localidades de Bakaikoa e Iturmendi se les conocía como "Santiyo arriya", mientras que en Etxarri Aranaz, se referían a ellos como “Santiyo arri” y como "Santiyo arriya", en algunas localidades de la zona, aún no determinadas, también se las conocía como "Santikuarri". Todas estas denominaciones, expresadas en las diversas variantes locales del euskera, significaban exactamente lo mismo: "piedra de Santiago".

Estas curiosas y raras piedras, eran, en realidad, fósiles de erizos de mar, del Cretácico Superior, en general, se trataba de ejemplares bastante bien conservados de Micraster coranginum y más raramente de Micraster sp. y de Echinocorys sp.
Era creencia popular muy extendida en la zona que este tipo de piedras habían caído del cielo durante las tormentas, acompañando a los truenos y que eran el mismo rayo materializado en piedra, es decir, que se las tomaba por auténticas "piedras de rayo".

La marca deprimida de aspecto cruciforme, que dibujan los 4 surcos más largos del sistema ambulacral, en la parte superior del caparazón del erizo, fue interpretada como un signo o marca divina en forma de cruz, impuesta milagrosamente por el contacto con la mano del santo. De esta manera los buenos cristianos podían reconocer por estar marcadas con el símbolo de la cruz a aquellas piedras que desde el cielo el santo había lanzado contra los moros impíos y así poder beneficiarse los cristianos de su virtud milagrosa, usándolo como amuleto protector, con efectos repelente del temible rayo.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral del erizo de mar fósil, razón por la cual este tipo de fósil habría sido interpretado como una piedra con "virtud", por estar marcada con el signo de Cristo.
Imagen: Hontza Museoa


Antiguamente, este tipo de piedras eran recogidas, con gran alegría y respeto, por los campesinos, pues se tenía la creencia que las lanzaba Santiago y que, con ellas, las casas que las guardaban y las personas que eran portadoras, estaban protegidas contra el impacto de las temidas "ozpingarriak", o sea, unas imaginarias "piedras del cielo" a las que se creía que eran  las portadoras de la muerte y del fuego que venía del cielo tormentoso. Por esa creencia, eran colocadas en los alféizares de las ventanas, como poderosos amuletos capaces de alejar las tormentas de aterradores truenos, las pedregadas del granizo y, sobre todo, desviar la trayectoria de los mortíferos, destructivos e incendiarios rayos.

Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, en las zonas rurales del norte de España, se decía, y se creía, que los truenos los producian los cascos del caballo del apóstol, al chocar sobre las nubes y que los rayos eran proyectiles lanzados por el mismísimo Santiago contra los malos cristianos y los enemigos de Cristo, para aniquilarlos.

En el noroeste de Navarra, hasta mediados del siglo XX, los fósiles de Micraster, sobre todo, y también los de Echinocorys fueron usados como amuletos de protección contra los rayos, siendo expuestos en los alfeizares de las ventanas de las casas, o llevados encima por la gente que, habitualmente, debía transitar por descampados, tales como arrieros, campesinos, leñadores y pastores, con la finalidad de protegerse de la muerte por fulminación.


Fuentes:


- Barandiarán, José Miguel de, "Arri-bedeinkatuak", en Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco. Editorial Auñamendi Estornés Lasa Hnos. Zarautz.
- Erdozia Mauleon, Jose Luis. 2004. Sakanako Hiztegi Dialektologikoa. Nafarroako Gobernua & Euskaltzaindia.
- Laborde, Manuel & de Lecuona, Manuel. Santiago-Mendi, de Astigarraga (Nota geológico-artística). Munibe. Crónica de Historia Natural, 1954, p. 50-56
- Leizaola Calvo, Fermín. Fósiles utilizados como protectores y otras creencias en torno a ellos. Zainak. Cuadernos de Antropología-Etnografía. Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 1991, p. 59-66.
- Leizaola, Fermín. Símbolos mágico-religiosos en el mundo rural de Euskal Herria. Zainak. Cuadernos de Antropología-Etnografía, Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 1999. p. 195-217.
- Kilden, Pette. Fosilak, saldu ala museoetan gorde? Lurraren zientziak: Paleontologia, Elhuyar Zientzia eta Teknika. 152. 2000/03/01. Elhuyar Fundazioa - Eskubide Guztiak Erreserbatuta.
- vv. aa.1999. Diccionario Euskaldunak de Etnografía Vasca. vol. 2. Ed. Etor-Ostoa. Lasarte/Oria. Gipuzkoa. Euskadi.

domingo, septiembre 16

Los fósiles y la Cultura Popular (y 5)

Por Heraclio Astudillo Pombo. UdL


Las causas del declive de las creencias maravillosas, asociadas a los fósiles, en la cultura popular europea y española.

En Europa, gracias a las exploraciones geográficas por todos los continentes, durante los siglos XVI  a XVIII, observan fenómenos y se recolectan ejemplares que permiten que permiten a los estudiosos  darse cuenta de la diversidad, similitud y amplitud del mundo natural. 


En sus inicios, sirven para formar colecciones privadas, por parte de la nobleza, organizadas con criterios estéticos, geográficos, utilitarios o míticos, dando origen a los llamados Gabinetes de rarezas o curiosidades o salas de maravillas, de la naturaleza, en los que se mezclaban, caóticamente, multitud de objetos naturales y artificiales, vulgares y "maravillosos", minerales y orgánicos el apabullante conjunto, solía causar en sus visitantes una mezcla de  sorpresa por la colección y de admiración por el propietario. 

Aspecto del interior del Museum Wormianum en según un grabado realizado en 1655
Imagen: Wikipedia 
 
Con el paso del tiempo y por efecto de los estudios sistemáticos de los distintos ejemplares, basados en la observación minuciosa, la comparación racionalista y la experimentación de las propiedades fisico-químicas o terapéuticas, la clasificación en categorías objetivas, acabaran por transformarse en museos privados con secciones de Antigüedades y de Historia Natural, mantenidos por naturalista ricos, emprearios eruditos o nobles interesados en la Historia natural. 

Al incrementarse los conocimientos "científicos" sobre la amplitud del mundo natural y más concretamente del mundo geológico, por el auge de las ideas racionalistas entre la mayoría de los naturalistas, filósofos e historiadores de la Naturaleza, comienza el proceso de declive de los fósiles considerados como objetos extraordinarios, maravillosos o mágicos, a pesar de las controversias mantenidas con naturalistas de mentalidad pre-científica, eclesiásticos obstrusos y creyentes ultraconservadores que defendían puntos de vista irracionalistas y sobrenaturalistas, sobre el origen y la naturaleza de diversos tipos de fosiles.

Los fósiles de los animales marinos, servían a los defensores del sobrenaturalismo religioso, para defender la realidad de un hecho legendario, el Diluvio universal, cuyos testimonios eran los animales petrificados.
Imagen: Virtual Fossil Museum
 

El enorme cambio conceptual y funcional que produce la nueva perspectiva moderna, laica, racionalista y científica, sobre la naturaleza y el origen de los fósiles, entre las capas sociales dirigentes e influyentes, favorece el declive de la interpretación arracionalista y sobrenaturalista de los objetos raros y de los fenómenos poco conocidos, de la naturaleza. 
Con el paso del tiempo el cambio se va transmitiendo hacia las capas sociales inferiores, con lo que decae la apreciación y el uso social, de tipo religioso y mágico-medicinal, de algunos tipos de fósiles que anteriormente eran muy valorados con tales fines. 


Ilustración del libro de Nicolás Steno (Nils Stensen)  (1.638-1.686) en la que se muestra la cabeza, reseca, de un tiburón mediterráneo, con las fauces completamente abiertas para hacer visible su dentadura. 
Se trataba de un ejemplar que diseccionó para conocer su estructura anatómica, a estudiar sus dientes se dió cuenta que eran identicos a las valoradas glosopetras maltesas, llamadas lenguas de Malta o lenguas de san Pablo, por lo que concluyó que tales piedras mágicas, en realidad, deberían ser, inequívocamente, dientes petrificados de tiburones antediluvianos.
imagen:palaeo.gly.bris.ac.uk/.../History/first.xhtml
 
A partir del siglo XVIII y, sobre todo, del XIX, con la, relativamente, rápida y profunda evolución cultural de la sociedad europea, como consecuencia de la difusión de los avances científicos de la Medicina, de la Farmacia y de las Ciencias Naturales modernas, a través del proceso de racionalización de la praxis médica y farmacéutica, de la progresiva escolarización y acceso a la información impresa, de las clases medias,  se fue favoreciendo una situación de transformación social que condujo a la rápida perdida de valor y de uso social de la mayoría de aquellos fósiles que antiguamente habían sido muy apreciados y ampliamente usados con fines.

Algunos tipos de fósiles utilizados, hasta ese momento, como amuletos protectores contra el infortunio, en general, o como defensa para determinadas clases de peligros, iban perdiendo credibilidad, usuarios y demanda comercial. Lo mismo iba sucediendo con los fósiles usados como preventivo contra las asechanzas y ataques de los malos espíritus que se creía que pululaban por todas partes, ya fueran brujas, brujos, espectros o demonios, seres imaginarios considerados capaces de provocar diversas clases de agresiones que resultaban inexplicables, en épocas anteriores, incluso para gente con nivel cultural notable. 

Anillos protectores, británicos, de los  siglos XVII a XIX, elaborados con oro y adornados con una o más "toadstone", es decir, "piedras de sapo". Un tipo de diente fosilizado, de ciertos géneros de peces marinos mesozoicos o cenozoicos. Fueron joyas de uso, predominantemente, femenino  Imagen: Victoria & Albert Museum  
 
Igual suerte corrieron aquellos tipos de fósiles usados como remedios terapéuticos, que eran prescritos y aplicados por médicos, cultos, y preparados por boticarios, cualificados, pero también empezaba a suceder con aquellos que prescribían, preparaban y aplicaban los "médicos populares" o curanderos, para el tratamiento de diversas dolencias y enfermedades, tanto corporales como mentales. 
En los muros exteriores de algunos edificios se incrustaron determinados tipos de fósiles, generalmente ammonites, no sólo con finalidades ornamentales, sino también con función protectora, ya que sus propietarios estaban convencidos de su efecto defensivo y de su poder amulético.
imagen: portlandbill

De manera que los fósiles al ir quedando despojados de sus antiguas virtudes esotéricas y de sus tradicionales funciones religiosas y mágico-medicinales, irán perdiendo su anterior relevancia social, en todas las capas de la sociedad, con lo que al cabo de los años, también, acabaron por desaparecer de la memoria colectiva, perdiéndose toda la información etnopaleontológica, con gran valor antropológico, que ciertos fósiles llevaban asociada.


Se puede constatar, documentalmente, que a finales del siglo XIX y principios del XX, se ha producido el casi total abandono, social, de las tradiciones esotéricas relativas a determinados tipos de fósiles, pues se
encuentran poquísimas referencias, al asunto, en los estudios folclóricos y etnográficos de esa época.
Progresivamente las antiguas costumbres relacionadas con creencias supersticiosas y prácticas irracionales, asociadas a diversos tipos de fósiles, fueron desapareciendo de la vida cotidiana para pasar a constituir materia del folclore, objetivo de la etnografía e integrante de la antropología cultural.

Diversos grupos de organismos fosilizados que, tradicionalmente, se han asociado con costumbres populares, mostrados en una pàgina web del Museo Británico de Historia Natural de londres
Imagen: Explore the myths about fossils
 
Durante todo el siglo XX, la rapidísima transformación social por efecto de las migraciones provocadas por las diferentes guerras, la escolarización masiva a partir de las décadas de 1930 a 1950, la socialización de la medicina y la difusión  de los avances científicos, se encargaron de ir haciendo desaparecer de la memoria colectiva los cada vez más escasos vestigios de la antigua cultura popular paleontológica. 
Afortunadamente para los investigadores del fenómeno etnopaleontológico, aún se conservan algunos residuos de los antiguos conocimientos, gracias a la existencia de escasos depositarios, tales como libros y revistas, antiguos o personas ancianas que conservan una buena memoria de sus tiempos de infancia y juventud.

Cubierta de un libro alemán, dedicado a recopilar y mostrar las antiguas y modernas, costumbres europeas relacionadas con los fósiles, titulado "Fossilien im Volksglauben und im Alltag" (Los fósiles en el folklore y en la vida cotidiana) y subtitulado "Bedeutung und Verwendung vorzeitlicher Tier- und Pflanzenreste von der Steinzeit bis heute" (Significados y usos de los restos fosilizados de animales y plantas, desde la Edad de Piedra hasta el tiempo presente.). 
Resulta irritante, constatar que no hay ni una sola referencia a casos propios de la Península ibérica, lo cual no es nada extraño, sabiendo que en esa fecha no hay ningún estudio ni publicación, peninsular, sobre el tema.

Imagen:

Hoy en día se puede comprobar, mediante encuestas y entrevistas, que hasta las clases populares que fueron las últimas depositarias de aquellos conocimientos curiosos o supersticiosos, han olvidado la mayoría de las creencias, abandonado la mayoría de las prácticas y usos populares, tradicionales, e incluso que han olvidado muchas de sus denominaciones tradicionales. 
Como suele suceder, el triunfo de la revolución cultural supuso una progresiva y generalizada perdida de un antiguo patrimonio cultural, con poco prestigio y ninguna función social relevante, antes de que pudiera ser registrado y estudiado por los especialistas en etnografía y etnología.

 
Reflexiones finales

A pesar de que a lo largo de las entradas precedentes, se ha denostado la credulidad de los usuarios, modernos, de amuletos y de fósiles maravillosos o se ha criticado a los promotores de creencias supersticiosas, a los divulgadores de prácticas irracionales y a los vendedores de amuletos mágicos, vinculados con los fósiles, tales "errores vulgares" forman parte del patrimonio etnográfico de la humanidad.
El estudio de las costumbres, populares, antiguas y modernas, laicas, religiosas o supersticiosas, asociadas a determinados tipos de fósiles, es una fuente de conocimiento que permite, al estudioso del fenómeno, conocer la evolución conceptual de las ideas asociadas a ciertos tipos de fósiles, la distribución geográfica o/y histórica de tales ideas, su papel como barrera contra el avance de las ideas racionalistas y científicas, o su vinculación con ciertas actividades respetables, como la religión, el comercio, el derecho, el ocio cultural, etc.

La necesidad de recuperar, todo lo que sea posible, de ese interesante patrimonio cultural español, antiguo, ahora en parte irremediablemente perdido o en vías de estarlo, se justifica, científicamente, por sus notables valores antropológicos, históricos y lingüísticos, entre otros.

Pero somos conscientes que este reto de recuperación de información relativa al folklore ibérico de los fósiles no es una misión fácil, puesto que tenemos la certeza que en muchos casos llegamos demasiado tarde, puesto que los escasos ejemplares que restan de muchos documentos antiguos se han extraviado, han sido destruidos o forman parte de colecciones inaccesibles y que muchos de los otros materiales accesibles: los recuerdos de personas mayores se han deteriorados o perdidos, por senilidad o fallecimiento.
También sabemos que en otros casos va a resultar una labor muy lenta y laboriosa, porque sus depositarios, documentos o personas, no resultaran fácilmente accesibles al investigador, por ser desconocidos, estar dispersos por toda la geografía española y algunos, posiblemente, ubicados en el extranjero, pero estamos seguros que la paciencia con método e interés, ayudada por la cooperación de informantes y las facilidades que brinda Internet para acceder a fuentes de información pueden contribuir a obrar "milagros" humanos.



Referencias: 

- Anónimo. Cuartos de maravillas. Wikipedia
 Annoscia, Enrico. 1981. I fossili nel mondo dell'uomo. Milano. Soliart.
- Bassett, Michael G. 1982. Formed Stones, Folklore. and Fossils. National Museum of Wales. Cardiff. Geological Series No. 1,
- Buffetaut, Eric. 1991. Des fossiles et des homes. Paris. Éditions R. Laffont.
- Gayrard-Valy, Yvette. Les fossiles: empreinte des mondes disparus. 1988. Paris. Gallimard.
- Oakley, Kenneth. P. 1985. Decorative and Symbolic Uses of Fossils. Oxford University Press.
- Thenius, Erich; Vávra, Norbert. 1996. Fossilien im Volksglauben und im Alltag. Frankfurt. Kramer.



viernes, septiembre 14

Los fósiles y la Cultura Popular (4)

Por Heraclio Astudillo Pombo. UdL


La valoración social de los fósiles, como piedras maravillosas (2)



Las piedras regalo de las divinidades


En otra etapa, aún, más tardía, los fósiles habrían pasado a ser considerados, no como simples piedras mágicas, cargadas de buenas influencias y capaces de proporcionar buena suerte o protección, por su misma naturaleza. En esa época se las habría creído "regalos divinos" dejados al alcance de los humanos por ciertas divinidades, superiores o inferiores, magnánimas y benefactoras de la comunidad, que las veneraba y rendía culto
La residencia permanente de estas divinidades protectoras, podía ser celeste, terrestre, subterránea o acuática, según la mitología, particular, en función de la forma de los fósiles y de su pretendido origen divino.


Representación artística de la creencia popular, germánica, de que los belemnites eran piedras del trueno que caían durante las tormentas o flechas de Donnar, lanzadas por Donnar, el dios del trueno. En la mitología de los germanos, eran interpretados como auténticas "piedras de rayo" que giaban al rayo hasta su objetivo y causaban gran destrozo. En diversos lugares de España, los belemnites también han sido considerados como "piedras de rayo".
Imagen: Fossil myths   

En las sociedades de cultura más compleja, con religiones más elaboradas, se habría considerado a algunos tipos de fósiles, por su rareza y forma característica, como donaciones divinas, o regalos de los dioses a los humanos, para ser usados en el beneficio de la comunidad o para la protección personal. Se creía que esas divinidades se complacían en hacer regalos mágicos a sus fieles  como muestra de su o simpatía hacia ellos, debido a esta creencia, algunos fósiles fueron considerados como verdaderas piedras divinas.

En otras culturas mucho más primitivas, de religión animista, aquellas extrañas "piedras" fueron consideradas como un tipo de receptáculo, pétreo, dentro del que residían ciertos genios o espíritus menores, con poderes sobrehumanos, a los que se podía seducir, propiciar o dominar mediante ciertas "formulas" u oraciones y rituales, por lo que fueron usados como fetiches.

Un collar de ámbar, realizado con fragmentos rodados de resina fósil, recogidos en playas del mar Báltico. A pesar de su innegable atractivo estético, su mayor atractivo es que era capaz infundir sabiduría y virtud en sus portadores, pero es que además se creía que era un buen preventivo y un buen  remedio curativo contra las dolencias relacionadas con el pulmón, la garganta, los dolores de cabeza, la circulación, etc.
 

Las piedras sagradas

Con el paso del tiempo, los mismos tipos de fósiles habrían pasado a ser considerados, como representaciones pétreas de los dioses y a ser considerados como piedras sagradas y vinculadas con algunas divinidades, mayores o menores, propias del panteón mitológico de aquella comunidad. Se les suponía dotados de ciertas virtudes mágicas, bastante específicas por su vinculación con las divinidades menores, residentes, o con las divinidades superiores, donantes. Tales divinidades, según la mitología, propia de esa sociedad, disponían de unos poderes personales bastante particulares y característicos, relacionados con la solución de diverso tipos de problemas humanos.

Un sacerdote hindú adorador de Visnú unta con una pasta o líquido sagrado una  piedra Salágrama (ammonites) procedente del río sagrado Gandakí, en Nepal. A los ammonites de esa zona se les considera una representación del dios Visnú
Imagen: Dattreya Jayanti

Mediante ese planteamiento mental y cultural, a determinados tipos de fósiles, en función de su forma y lugar de hallazgo, se les atribuyó un origen mítico concreto y por ello una asociación con determinadas divinidades, de tal manera que pasarían a ser considerados como piedras benefactoras, dotadas con virtudes específicas o poderes concretos que eran propios y típicos de la divinidad a la que representaban. A tales piedras, se les rendía el mismo tipo de culto y veneración que a las imágenes convencionales.


Las piedras defensivas
 
La creencia en la vinculación directa de ciertos tipos de piedras (fósiles) con determinadas divinidades, habría influido para que esos tipos de fósiles fueran usados como amuletos o talismanes específicos, que podían ser usados para la prevención de determinados tipos de peligros, accidentes, desgracias y dolencias, causadas por ciertos tipos de malos espíritus que se suponía que habitaban en todas partes, dispuestos a perjudicar a las personas y sus propiedades. También se usaron para neutralizar los conjuros o encantamientos, perjudiciales, lanzados por medio de malas artes (brujería).


Fotografía tomada a principios del siglo XX, en la que se pueden ver 10 ejemplares de erizos fósiles de la especie  Echinocorys scutatus, dispuestos en el alfeizar de una ventana, con la finalidad de alejar de aquella vivienda, la "mala suerte" y evitar que ningún rayo pudiera alcanzar esa casa.
Imagen: Herbert Toms, 1928 
 
Ciertos tipos de fósiles se usaron para protegerse contra las desgracias que pudieran poner en peligro las más diversas empresas humanas,  pudiendo incluirse, desde los éxitos económicos hasta los triunfos amorosos o el éxito de los procesos productivos agrícolas y ganaderos, la conservación de los alimentos o la protección o recuperación de la salud, la ausencia de problemas graves en los largos viajes por tierra y mar, pero también para asegurar el tránsito fácil y rápido del espíritu de los difuntos al otro mundo.

Representación humorística representando ciertas creencias y costumbres,  supersticiosas, medievales y renacentistas asociadas al temor a los envenenamientos alimentarios. 
En el centro un costoso amuleto llamado lenguario o árbol lingual, elaborados con metales preciosos y ramas de coral rojo y dientes fosilizados de diversos géneros de tiburones. Los dientes eran llamados glosopetras o piedras lengua, pero también lenguas de víbora, de serpiente, de san Pablo, etc.. que se creía que neutralizaba los venenos. A la derecha un comensal realiza la "prueba" de la inocuidad del contenido de su copa. A la izquierda, el camarero envenenador y su víctima, que no tomó la precaución que su compañero de mesa...
Imagen: Junior Geo 



Las piedras medicinales

En una etapa histórica posterior, la creencia supersticiosa en unas supuestas virtudes preventivas, típicas de ciertos tipos de fósiles, se habría ampliado hasta la creencia en la posesión de virtud curativa. Algunos tipos de fósiles pasaron a ser considerados como piedras medicinales, que debidamente usadas eran capaces de causar efectos reparadores sobre la salud humana, más o menos, deteriorada. 


Los fósiles de la ostra grifea (Gryphea arcuata) antiguamente, fueron utilizados, en diversas regiones de Europa para tratar los problemas de artrosis y deformación articular, causados por el reumatismo deformante. 
 imagen: http://www.windowsonwarwickshire.org.uk/spotlights/jurassic/a_devilstoenail.htm  

En algunos casos, fuero utilizados como remedios simples, y bastaba con sumergirlos, durante cierto tiempo, en las bebidas o comidas que se administraban al enfermo o, si eran fósiles muy pequeños, tragarlos con un bocado o sorbo. En otros casos la preparación era algo más compleja, pues los fósiles debían ser triturados o pulverizados para poder ser suspendidos líquidos diversos o o disueltos en vinagre. También fueron consumidos como  igredienntes de ciertas pócimas, para el tratamiento de determinadas dolencias.
 
Cubierta de una edición de 1669, de la Historia Natural de Cayo Plinio Segundo, en la que en algunos capítulos se incluía el uso médico que, en su tiempo (s. I dC), se hacía de algunas piedras consideradas como curativas. Sus absurdas y dudosas anotaciones, fuero seguidas y aplicadas, crédulamente, por muchos médicos y boticarios, hasta finales del s. XVII
Imagen: Wikipedia


Ciertos tipos de fósiles que, entonces, se creían "piedras maravillosas", pasaron a formar parte de la materia médica y de la farmacopea, oficial de su época, quedando recogidos, con extraños nombres específicos, en los llamados  lapidarios médicos Eran tratados de litoterapia escritos por afamados médicos de la antigüedad, griegos y romanos, o por famosos médicos que cuidaban de la salud de la nobleza y la aristocracia eclesiástica, en la época medieval o postmedieval.
Algunos de ellos fueron extraordinariamente famosos y respetados, siendo aceptados sus principios y aplicados sus consejos,  por la mayoría de los médicos, desde los tiempos de la Grecia clasica hasta finales del Renacimiento, en que su valoración por parte de los médicos y boticarios, más críticos y observadores, puso en duda o demostró su falta de eficacia.
 

Las piedras devaluadas 

Por otra parte, también se ha podido observar que cada vez que las antiguas creencias mágico-religiosas, vinculadas con los fósiles, de una determinada sociedad, entraban en crisis por su incoherencia con el nuevo marco o contexto religioso o cultural, las costumbres, las creencias y los valores anteriormente predominantes, quedaban rebajados de categoría o incluso resultaban prohibidos o perseguidos.

El cambio del marco de referencia, cultural o religioso, podía ser como consecuencia de una conquista militar y posterior colonización, con una " imposición" de las creencias y valores de los vencedores sobre los vencidos, como pasó en diversas partes de Europa y épocas históricas, ya fuese por efecto de la helenización, romanización, cristianización o islamización del territorio.


Fósil del equinodermo Micraster coranguinum, antiguamente, éstos erizos de mar fósiles fueron considerados en ciertas zonas de Álava, Guipúzcoa y Navarra como piedras del rayo que eran expuestas en los alfeizares de las ventanas para impedir la caída de rayos sobre la casa. En otras zonas fueron considerados como piedras usadas en la lapidación de diversos santos cristianos y por ello con ciertas virtudes derivadas de los poderes específicos del santo lapidado.
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El cambio del marco de referencia, cultural o religioso, podía ser como consecuencia de una “revolución" social, como fue la francesa, o filosófica, como fue la Ilustración, en tiempos relativamente recientes. En ambos casos se valoraba el racionalismo y la visión laica de la Naturaleza y se despreciaba el irracionalismo y la visión mágica de la Naturaleza
Con cada crisis sociológica e ideológica, aquellos tipos de fósiles que habían estado bien considerados perdían la mayor parte de sus antiguos atributos mágicos y virtudes extraordinarias, degradándose su antigua función y apreciación social. 

En los alrededores de la ermita de "la Mare de Déu de la Providència", en Tortosa, en la actualidad, todavía se siguen recogiendo artejos estrellados de pentacrinus, pero sólo como un recuerdo de la visita, a los que muchas personas crédulas y supersticiosas, además, creen portadores de buena suerte
Imagen: Fósiles de Mig Camí

En muchos casos, incluyendo el tiempo actual, algunos fósiles, unicamente, pudieron conservar su más primitivo y elemental estatus social, siendo consideradas como simples piedras de buena suerte, es decir, objetos portadores de buena fortuna para sus poseedores.


Las piedras que no son piedras
 
Como ya se ha comentado, anteriormente, en la última etapa cultural, de la sociedad europea que se inicia con la Revolución francesa, su marcado sentido racionalista, igualitario, antimonárquico y anticlerical, seguido del movimiento filosófico cientifista, racionalista y antioscurantista de la Ilustración, las piedras maravillosas de todo tipo, caen en un gran desprestigio social. Además queda demostrado que las "piedras figuradas" no eran ninguna "maravilla" de la Naturaleza, sino que se habían formado por causas y de forma natural y que se trataba de restos de diversos tipos de organismos que habían vivido, millones de años antes del la Humanidad y que algunos de ellos se habían conservado en forma de fósiles.

En el libro de Niels Steensen o Nicolaus Steno, titulado "Elementorum Myologiae Specimen", 1ª edición, 1667, quedaba claro que las piedras mágicas, denominadas "glossopetras" eran idénticas a los dientes de los tiburones actuales
Imagen: Ed Rogers Rare Geology Books 
 
La devaluación de las piedras mágicas y maravillosas, se ha conservado y ampliado en los tiempos actuales, en los que predomina la mentalidad racionalista y materialista sobre su contraria, la mentalidad mágica y espiritista. 
En la actualidad, la mayoría de las personas consideran a los fósiles como objetos de coleccionismo o de decoración, y algunas otras como elementos geológicos de conocimento científico que permite reconstruir la historia de la Vida sobre la Tierra y las condiciones que la hicieron posible. 
No obstante, lo anterior, el valor y uso mágico de los fósiles se había conservado o reinstaurado, de nuevo, en ciertos sectores sociales, supersticiosos, carentes de toda capacidad crítica, faltos de recursos intelectuales para interpretar el mundo físico con criterios racionales y naturalistas.  Se trata de personas más o menos, vinculadas con el esoterismo, de todo tipo, ya esté relacionado con la religiosidad popular, más bien delirante o con las absurdas técnicas de pronostico del futuro, tales como la astrología, la numerología, la cartomancia, quiromancia, etc. o adictas a las formas más absurdas de muchas de las llamadas medicinas alternativas, basadas en las más primitivas creencias y en prácticas chamánicas o pseudocientíficas, sin ningún fundamentos científico.  

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Imagen: NewAge

Tales colectivos sociales, aún, se sigue creyendo en los poderes mágicos de los amuletos, en general, y en el influjo de ciertas piedras maravillosas, en particular, incluidos algunos tipos de fósiles.